El Louvre exhibe el arte saqueado por nazis, pero ¿es ahí donde debería estar?

20/Feb/2018

The New York Times, por Aurelien Breeden

El Louvre exhibe el arte saqueado por nazis, pero ¿es ahí donde debería estar?

A primera vista, no queda claro por qué los curadores del
Louvre decidieron testar 31 pinturas en dos salas pequeñas. Hay paisajes
holandeses junto a retratos alemanes y las representaciones de banquetes, de
ruinas romanas y de un niñito con una cabra parece que chocan.
Lo que tienen en común estas obras no es el estilo, la escuela
ni el tema, sino una historia peculiar. Todas fueron saqueadas o compradas por
los ocupantes alemanes durante la Segunda Guerra Mundial; después las
recuperaron y las trajeron de vuelta a Francia cuando terminó el conflicto.
Aunque Francia ha devuelto decenas de miles de obras de arte
robadas y otros objetos a sus dueños legítimos, muchas siguen huérfanas, entre
ellas estas pinturas que hasta hace poco estaban colgadas en los espacios
regulares de exposición del museo; solo había un pequeño texto aclaratorio en
sus placas descriptivas.
“Nos pareció que si no creábamos un espacio permanente,
haríamos las cosas como en el pasado”, dijo Sébastien Allard, director del
Departamento de Pinturas del Louvre, que abrió un espacio en diciembre dedicado
a las obras saqueadas. Aunque a menudo se sospecha que los museos quieren
quedarse con las obras, dijo Allard, “nuestra meta evidentemente es devolver
todo lo que podamos”.
Aunque alabaron su intención, los críticos dicen que las
nuevas salas representan una oportunidad desperdiciada porque no hacen mucho
por ampliar la búsqueda de los propietarios o los herederos legítimos de las
pinturas.
“Los museos han pasado por una revolución cultural”, dijo
Corinne Bouchoux, una exsenadora que en 2013 escribió un informe sobre el
manejo por parte de Francia de las obras de arte que fueron saqueadas. “Hemos
pasado de una era donde estas pinturas estaban ocultas u olvidadas a una en la
que se acepta su historia”.
“Sin embargo, para las pinturas que con seguridad sabemos que
fueron objeto de rapiña, la verdadera pregunta es: ¿qué se está haciendo para
encontrar a los herederos?”, agregó.
Se calcula que, tan solo en Francia, 100.000 objetos fueron
saqueados por los nazis o vendidos bajo coacción y transferidos a Alemania —pinturas,
pero también dibujos, esculturas y antigüedades—. Muchos habían pertenecido a
familias judías cuyos hogares también fueron allanados durante la ocupación
nazi o que se vieron obligadas a vender arte para sobrevivir o escapar del
país.
De 1945 a 1949, más de 61.000 de esos objetos fueron
devueltos a Francia y cerca de 45.000 fueron reclamados por sus propietarios.
Muchas de las piezas que quedaron abandonadas se vendieron en subastas.
Sin embargo, el Estado francés conservó 2143 de ellas;
incluso en la actualidad, los expertos dicen que no está claro cómo se
eligieron. El gobierno las puso en un inventario llamado Musées Nationaux
Récupération, o MNR, y se las encomendó a los museos. El Louvre tiene 807 de
esas pinturas.
Poco más de cien objetos saqueados, entre ellos cerca de
cincuenta pinturas, se han devuelto a sus propietarios o herederos legítimos
desde la década de los cincuenta, después de la primera ola de restituciones.
Las autoridades francesas reconocen que el ritmo es lento.
“Durante mucho tiempo, la administración solo esperó que los
beneficiarios reclamaran las obras de arte”, dijo Thierry Bajou, un curador del
Ministerio de Cultura que trabaja con un pequeño equipo para identificar los
orígenes del arte saqueado revisando las colecciones y los archivos del museo y
buscando marcas, notas o etiquetas en el reverso de las pinturas. “Ahora,
intentamos estudiar el origen de las obras e identificar a quién se las
quitaron en ese entonces”.
Entre las autoridades que colaboran con esa iniciativa están
los museos, los Ministerios de Cultura y Asuntos Exteriores y la Comisión para
la Compensación de Víctimas de Despojo, que se estableció en 1999 para examinar
los reclamos de indemnizaciones que hicieron las víctimas de las leyes
antisemíticas de Francia durante la guerra.
En 2015, el gobierno francés también llegó a un acuerdo con
una organización nacional de genealogistas para ayudar a rastrear a los
herederos de las familias despojadas.
No obstante, los funcionarios franceses dicen que el trabajo
está lleno de obstáculos, entre ellos el hecho de que algunas galerías de arte
se rehúsan a abrir sus archivos de tiempos de guerra. Aunque los nazis
despojaron a algunas familias de sus posesiones, otros se vieron obligados a
vender sus pinturas, lo cual implica que la transacción inicial puede parecer
legítima e involucrar a varios intermediarios.
“Tenemos la responsabilidad de darle la pintura correcta a
la persona adecuada”, dijo Vincent Delieuvin, un curador del Louvre que
supervisa las pinturas saqueadas o vendidas a la fuerza. Dijo que los museos
hacían su mejor esfuerzo por rastrear la historia de sus pinturas, pero que, en
muchos casos, solo las familias podían proporcionar pruebas de que una de las
obras era suya.
En 2004 se publicó un catálogo oficial del inventario del
MNR y hay una detallada base de datos en internet, con el nombre de Rose
Valland, una integrante de la Resistencia francesa que llevó un libro de
registro de los robos nazis.
Los curadores del Louvre dicen que las nuevas salas de
exposición son otro paso en la iniciativa para que la información de las obras
de arte saqueadas sea más accesible al público y a las víctimas o sus
herederos.
Sin embargo, Emmanuelle Polack, una historiadora de arte que
hizo su tesis doctoral acerca del mercado de arte parisino bajo la ocupación
nazi, señaló que el texto aclaratorio en las salas de exposición no decía que
la mayoría de las obras saqueadas pertenecía a familias judías.
Las placas debajo de las pinturas tampoco explican dónde y
cómo fueron encontradas en Alemania, como el retrato del siglo XIX de dos
hermanas realizado por Jacques Augustin Pajou que se llevó el ministro de
Relaciones Exteriores del régimen nazi Joachim von Ribbentrop.
Allard, el curador del Louvre, reconoció que las placas y un
letrero existente eran “insuficientes”, pero dijo que el museo planeaba colocar
un cartel más grande en la entrada de las salas. También mencionó que el Louvre
buscará maneras de animar a los visitantes a utilizar sus teléfonos
inteligentes para hacer búsquedas en la base de datos Rose Valland.
Aun así, Polack dijo que el Louvre había desperdiciado una
gran oportunidad para crear un espacio interactivo o educativo que los
visitantes pudieran buscar, en vez de simplemente toparse accidentalmente con
las salas mientras buscan La mona lisa.
“Lo interesante es su historia, el hecho de que le
pertenecieron a alguien, que se las llevaron a Alemania y después fueron
devueltas”, dijo Polack acerca de las pinturas. Su interés especial, añadió, no
está en las cualidades estéticas.
“Les quitaron su contexto histórico y por eso no se puede
entender la necesidad de devolverlas”, añadió. “Fueron testigos de una historia
que debe ser contada”.